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Movilizan devotos peregrinación a la Santa Muerte en el suroriente

  • Por Redacción

Expresión de fe reúne a decenas de creyentes en una caminata que visibiliza una de las prácticas religiosas más controvertidas y en crecimiento en la frontera


Ciudad Juárez.– Decenas de personas participaron este fin de semana en una peregrinación dedicada a la Santa Muerte en el suroriente de la ciudad, una manifestación de fe que, además de congregar a creyentes, vuelve a poner en el debate público la expansión de este culto en zonas urbanas populares.
El recorrido inició en la colonia Arecas, en las inmediaciones del supermercado Smart Independencia, desde donde los asistentes avanzaron a pie y en caravana hacia el denominado Templo de los 10 Mandamientos. 
Durante el trayecto, los fieles portaron imágenes, figuras y ofrendas, mientras grupos de matachines ejecutaban danzas tradicionales como símbolo de devoción.


La actividad fue encabezada por la sacerdotisa Mayra Gallegos Pérez, quien explicó que la peregrinación tuvo como objetivo agradecer favores recibidos. 
“Es un culto a nuestra Santísima Muerte, le rendimos devoción con amor y agradecimiento”, expresó. 
Añadió que estas prácticas buscan fortalecer la fe entre quienes consideran a esta figura como protectora.
Entre los asistentes, Michelle Rojas, integrante de la tribu Apache Santa Muerte, señaló que la devoción se basa en el respeto. 
“Muchas personas le tienen miedo, pero otras la respetan y la aman”, dijo.

 

 
 
 
 


Por su parte, Carmen Castillo compartió que acudió descalza como acto de gratitud tras la recuperación de salud de su madre, lo que refleja el carácter personal y testimonial de este tipo de creencias.
El evento transcurrió sin incidentes, de acuerdo con los propios organizadores, y concluyó con oraciones colectivas en el templo, consolidando una jornada que combinó elementos rituales, culturales y comunitarios.

 

Un culto en expansión en la frontera
La presencia de la Santa Muerte en Ciudad Juárez no es reciente. 
Su arraigo comenzó a hacerse visible a finales de la década de 1990 y principios de los 2000, en paralelo con el crecimiento urbano acelerado y los contextos de violencia que marcaron a la frontera.
Durante los años más críticos de violencia en la ciudad, entre 2008 y 2012, la devoción se fortaleció como una respuesta simbólica al miedo y la incertidumbre. 
En ese periodo, muchas personas encontraron en esta figura una forma de protección ante riesgos cotidianos.
Con el paso del tiempo, lo que inició como prácticas discretas evolucionó hacia expresiones públicas; templos, celebraciones colectivas y peregrinaciones como la registrada este fin de semana. 
Hoy, el culto forma parte del paisaje cultural en diversas colonias del suroriente.

 
 
 
 

Entre la marginación y la organización comunitaria
Más allá de lo religioso, especialistas observan que estas prácticas también cumplen una función social. 
En zonas con limitado acceso a servicios, espacios recreativos o acompañamiento institucional, los grupos devocionales generan redes de apoyo, sentido de pertenencia y organización comunitaria.
Especialistas en fenómenos religiosos señalan que este culto, extendido en distintas regiones de México, encontró eco en sectores sociales que enfrentan condiciones de vulnerabilidad, incertidumbre o riesgo. 
En estos contextos, la figura de la Santa Muerte es asumida como una entidad que no juzga y que responde a peticiones inmediatas, especialmente relacionadas con salud, protección y estabilidad económica.
En colonias del suroriente de Ciudad Juárez, donde persisten rezagos sociales, la devoción ha crecido a través de altares domésticos, pequeños templos y celebraciones públicas como la registrada este fin de semana. 
Estas expresiones suelen mantenerse al margen de las religiones tradicionales, lo que contribuye a su carácter polémico.

 

Entre el estigma y la aceptación social
A pesar de su expansión, el culto a la Santa Muerte continúa siendo motivo de estigmatización. 
Mientras algunos sectores lo asocian con prácticas negativas, sus seguidores insisten en que se trata de una devoción basada en la fe, el agradecimiento y el respeto.
La peregrinación evidenció esta dualidad; por un lado, el temor y rechazo social; por otro, una comunidad que se fortalece y busca visibilidad. 
“No es mala, todo depende de cómo la gente pida las cosas”, coincidieron algunos asistentes.
Este tipo de manifestaciones abre la discusión sobre la diversidad religiosa en la ciudad y la necesidad de entender fenómenos sociales que, aunque controvertidos, forman parte del tejido cultural contemporáneo de Ciudad Juárez.

 

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