¡Vaya, vaya Tacubaya, ay Papaya de Celaya! Parece que la pobreza franciscana y la gloriosa austeridad republicana de la Cuarta Transformación tienen una sucursal VIP, y no precisamente en una colonia popular de Ciudad Juárez, sino en los mismísimos y refinados suburbios de El Paso, Texas. Es que, Juan Carlos Loera, mejor conocido en el bajo mundo como El Loerilla, eterno aspirante que se niega a pasar al olvido, presume su compromiso con el pueblo desde una humilde choza en el extranjero, valuada en la módica cantidad de 332,000 dólares (unos 6 millones de pesos, peso más, peso menos según el predial). Pero como un solo techo no basta para contener tanta vocación de servicio, el morenista también sacrifica su comodidad viviendo en otra modesta zona residencial: Campos Elíseos, en Ciudad Juárez, donde las propiedades valen otros cuantos milloncitos más. Todo un monumento a la austeridad de la 4T. Para quienes ya habían olvidado su brillante trayectoria, Loera es el mismísimo ex superdelegado que recorría el estado de Chihuahua con la bandera de no mentir, no robar y no traicionar grabada en el pecho... aunque omitiendo el pequeño detalle de sus lujosas mansiones y, claro, predicando sin aplicarla, con un pie en la Gehena. Es el mismo personaje que hace cinco años perdió la gubernatura frente a Maru Campos y que, gracias a las maravillas de la política nacional, hace tres años logró brincar al Senado de la República cobijado por su hoy derrotada amiga Andrea Chávez y su entrañable compañero de derrotas, Javier Corral, bajo el amparo de El Conde Pátula.