La Columna

EL TELEPRONTER

  • Por Editora M
EL TELEPRONTER

No era la primera -y no será la última en algún otro lado- la de Anya Trevizo. Fue ella misma la que protagonizó el episodio, mal llamado como el Telepronter, en la entrevista con Joaquín López Dóriga en Cdmx. La joven asistente se entrometió en la entrevista, cruzó el estudio y se puso a manotear al aire para interrumpir a la Gobernadora. Andaba muy alzada, buscando espacios políticos y apoyos a proyectos familiares. Le sucedió n lo mismo que a muchos otros en su encargo: creen saber tanto que sienten crecer hasta el cielo por cargar el maletín de los discursos. Igual le ocurrió a Panchito El Menordomo Muñoz con La Corraleja, a Marcelo González Tachiquin con Duarte, a Tavo con Reyes y a Betito Moreno con Patricio, aunque bueno, este último no se despegaba mucho del suelo. Pero es igual, porque todos ellos se marearon al contestarle llamadas a Secretarios de Estado, líderes parlamentarios o cónsules de Estados Unidos. Es difícil la política y muy pero muy circunstancial, aunque no se reconozca esto. Los mareos producen sentimientos negativos y conducen a la traición por ambición. Enmedio de este conflicto, bien vale la pena recordar a Gonzalo, el diligente asistente de Don Saúl González Herrera, fiel y leal, prudente y discreto hasta la muerte. Le sirvió no solo en el Gobierno del Estado sino en la casa y pasa siempre. Su lealtad hizo que cuando ambos volcaran en la carretera y estuvieran a punto de morir, Don Saúl dijera que él iba manejando, liberando así a Gonzalo de toda responsabilidad. En un ejemplo de modestia, Gonzalo se quedó a las órdenes de Doña Delia tras la muerte del Exgobernador. En este caso no pasará de ahí: hoy alguien más ocupará ese lugar y el incidente habrá sido olvidado. Somos piezas de un ajedrez, el de la política, que nos coloca en un cuadro y luego nos mueve a otro o nos desecha. Lo verdaderamente interesante consistiría en entender esa voluntad que tiene el poder de movilizar las piezas y comprender que en ese juego el deber de todos los que lo juegan es proteger al rey.