Mientras que Claudia Sheinbaum declaró la guerra a Chihuahua y sus habitantes al acusar de traición a la patria a Maru Campos, la misma cabeza de la 4T se entromete desde Palacio Nacional en la elección de Colombia y durante con su avanzada liderada por el gachupín Abraham Mendieta que sigue en Bogotá. Vaya contraste: la presidenta frente a los conflictos institucionales evidencia una marcada asimetría: mientras que a nivel doméstico adoptó una postura de confrontación severa al respaldar las acusaciones de la Fiscalía General de la República y de su partido contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, señalándola por presunta traición a la patria tras la supuesta intervención no autorizada de agentes de EUA en territorio estatal, en el plano internacional optó por una diplomacia de solidaridad ideológica al validar de inmediato las denuncias de Gustavo Petro sobre un supuesto fraude electoral en Colombia. Así, la rigidez con la que el gobierno mexicano defendió la soberanía nacional y el orden interno ante una mandataria de oposición contrasta de forma directa con la flexibilidad institucional mostrada hacia el exterior, donde Sheinbaum priorizó la afinidad con el Pacto Histórico (partido de Petro) para justificar el desconocimiento de los resultados preliminares y respaldar la narrativa de Petro, aun antes del escrutinio definitivo. Ambos comparten librito, pues.