-15 años de sembrar futuro en territorios adversos
Ciudad Juárez.- En el suroriente de Ciudad Juárez, donde durante años la desigualdad ha impuesto límites silenciosos, la historia de Teresa Almada se abre paso como una narrativa de resistencia; una mujer que convirtió una traila en punto de encuentro educativo y que, con el respaldo de la Fundación del Empresariado Chihuahuense (FECHAC), ha sostenido por más de una década una lucha constante por el derecho de adolescentes y jóvenes a permanecer en las aulas.
Hablar de Teresa Almada es hablar de una convicción que no nació en la comodidad, sino en el contacto directo con las brechas sociales.
Su trayectoria no se construye desde la teoría, sino desde el territorio; hace 15 años, cuando la expansión de la educación media superior en la zona apenas comenzaba a tomar forma con la apertura de planteles como el CBTIS 270 y el CONALEP 3, ella ya estaba ahí, acompañando procesos que no solo implicaban abrir escuelas, sino sostener trayectorias de vida.
En ese contexto, el desafío no era menor.
Para muchas jóvenes, especialmente mujeres; el acceso a la educación media superior significaba enfrentarse a barreras estructurales; condiciones económicas adversas, responsabilidades familiares tempranas y entornos marcados por la violencia.
Almada entendió pronto que garantizar el ingreso a la escuela no era suficiente; el verdadero reto estaba en lograr la permanencia.
Durante 13 años y medio, su trabajo se sostuvo desde una pequeña traila, un espacio modesto que se transformó en refugio y plataforma.
Ahí, más que programas, se tejieron vínculos.
La cercanía con las y los estudiantes permitió identificar que las mujeres jóvenes enfrentaban desafíos particulares; abandonar la escuela por maternidad temprana, asumir roles de cuidado o ceder ante presiones sociales que limitaban sus aspiraciones.
La evolución hacia una segunda sede no es solo un crecimiento físico; es el reflejo de una persistencia que ha logrado consolidarse.
Este “nuevo inicio”, como lo define la propia organización, implica también una etapa de mayor exigencia.
Nuevos programas y actividades se vislumbran en el horizonte, todos atravesados por la misma premisa; que la educación debe ser una herramienta real de transformación social.
En este proceso, el acompañamiento institucional ha sido clave. FECHAC, como socio mayoritario, ha respaldado el proyecto, y su presidente, Juan Carlos Orrantia, junto con el consejo, han sido reconocidos por sostener una apuesta que no ofrece resultados inmediatos, pero sí impactos profundos y duraderos.
Sin embargo, más allá de los apoyos, la historia de Teresa Almada se define por una constante: la capacidad de sostener lo que otros abandonan.
Su trabajo ha puesto en el centro a quienes históricamente han sido relegados, particularmente a las jóvenes, para quienes estudiar implica resistir múltiples formas de exclusión.
Hoy, en esta nueva etapa, el mensaje no es solo de gratitud, sino de convocatoria.
Porque si algo ha demostrado su trayectoria es que la educación, en contextos adversos, no es un acto individual, sino un esfuerzo colectivo que exige compromiso continuo.
Teresa Almada no solo ha acompañado generaciones; ha construido condiciones para que otras mujeres puedan imaginar un futuro distinto.
Y en una ciudad donde las oportunidades suelen ser desiguales, esa apuesta sigue siendo, en sí misma, un acto profundamente transformador.