Reportajes

Vivir entre tumbas

  • Por Editora M

-Criptas de panteones de Juárez son utilizadas como refugio; denuncian consumo de drogas y falta de vigilancia


Ciudad Juárez.— Cuando cae la tarde y los últimos visitantes abandonan los cementerios, algunas tumbas de Ciudad Juárez dejan de ser únicamente lugares destinados al descanso de los muertos. Criptas abiertas, mausoleos deteriorados y espacios abandonados han comenzado a ser utilizados como refugios improvisados por personas que encuentran entre lápidas un sitio para pasar la noche.

Denuncias ciudadanas señalan particularmente a los panteones Colinas de Juárez y Tepeyac, donde algunas criptas presentan indicios de haber sido utilizadas para pernoctar; cobijas, ropa, recipientes y otros objetos han sido encontrados en espacios funerarios. 

También existen señalamientos sobre personas que ingresan para consumir drogas y permanecer durante varias horas entre las tumbas.

La situación abre dos problemas paralelos. 

Por una parte, está la vulnerabilidad de quienes, ante la falta de un techo, terminan buscando protección incluso dentro de un cementerio. 

Por otra, surge la preocupación de las familias que consideran estos lugares espacios de respeto y encuentran criptas invadidas, tumbas dañadas o zonas utilizadas para actividades distintas a las funerarias.

Colinas, un cementerio de 20 hectáreas

El problema adquiere otra dimensión por las características del Panteón Colinas de Juárez. 

De acuerdo con información del Gobierno Municipal, el camposanto tiene aproximadamente 20 hectáreas, está dividido en 23 jardines y cuenta con un censo de alrededor de 136 mil personas inhumadas.

El propio Municipio ha reconocido anteriormente la necesidad de efectuar trabajos intensivos de mantenimiento en este cementerio, como retiro de basura, eliminación de grafiti, corte de hierba y limpieza de su perímetro.

Además, Colinas ya no cuenta con espacio ordinario para nuevas inhumaciones, salvo casos relacionados con fosas adquiridas previamente.

Su extensión y la existencia de estructuras funerarias antiguas o deterioradas dificultan mantener vigilancia permanente en cada rincón. 
Es precisamente en los espacios menos transitados donde criptas y tumbas pueden convertirse en escondites.

Los antecedentes de inseguridad dentro del lugar aumentan la preocupación. 

En marzo de 2025 fue localizado el cuerpo de un hombre dentro del Panteón Colinas, hecho que provocó la movilización de Policía Municipal, Guardia Nacional y Ejército.

Meses después, en junio de ese mismo año, se reportó nuevamente el hallazgo de un hombre sin vida cerca de una tumba en ese cementerio.

No significa que estos acontecimientos estén relacionados con las personas que utilizan criptas como refugio, pero sí muestran que los cementerios pueden convertirse en espacios vulnerables cuando disminuye la presencia de visitantes y autoridades.

Tepeyac, entre abandono y episodios inquietantes

El Panteón Tepeyac tampoco ha estado exento de situaciones irregulares.

En mayo de este año, autoridades localizaron restos óseos colocados sobre una tumba en este cementerio, ubicado en el sector de las calles Madrid y Holanda. 

El hallazgo fue realizado por un visitante y posteriormente quedó bajo investigación de la Fiscalía de Distrito Zona Norte para establecer el origen de los restos.

Años antes, en octubre de 2022, también se documentó dentro del Tepeyac una capilla funeraria con un vidrio quebrado donde podía observarse un ataúd abierto y fuera del nicho en el que había sido colocado. En aquel momento se desconocía qué había ocurrido con el cuerpo. 

El administrador del lugar señaló entonces que el cementerio data de 1923.

Estos antecedentes, sumados a los actuales señalamientos sobre el uso de tumbas y criptas para pernoctar, colocan nuevamente sobre la mesa la vigilancia y conservación de los cementerios de la ciudad.

Cuando una cripta se convierte en techo

Detrás de las imágenes que pueden provocar indignación existe también una realidad social más profunda.

Para una persona sin vivienda, una construcción funeraria puede representar algo elemental; cuatro paredes capaces de protegerla del viento, las temperaturas extremas y la violencia de la calle. 

La cripta termina funcionando como último refugio precisamente porque prácticamente nadie más quiere permanecer ahí durante la noche.

Pero utilizar estos espacios implica riesgos tanto para quienes ingresan como para las familias propietarias de las tumbas. El consumo de drogas denunciado en algunos sectores, además, puede convertir áreas apartadas de los cementerios en puntos inseguros para trabajadores y visitantes.

La presencia de personas vulnerables tampoco debe confundirse automáticamente con delincuencia. 
Pernoctar dentro de una cripta, consumir drogas, vandalizar una tumba o cometer un delito son situaciones diferentes, y establecer responsabilidades corresponde a las autoridades.

Lo que sí resulta evidente es que los cementerios requieren vigilancia y mantenimiento durante todo el año, no solamente cuando se aproximan fechas de alta afluencia.

Vigilancia que aumenta en fechas especiales

La propia autoridad municipal despliega dispositivos extraordinarios cuando llegan miles de visitantes.

Para el Día de Muertos, por ejemplo, Seguridad Vial anuncia siempre vigilancia en los cementerios de Ciudad Juárez, entre ellos Colinas y Tepeyac, con 108 elementos por día, patrullas y motocicletas.

En Colinas, además, el Municipio ha destinado cuadrillas especiales de limpieza antes de celebraciones como Día de Muertos y Día de las Madres.

El desafío aparece durante el resto del calendario; determinar quién vigila estos espacios después de la salida de visitantes, cómo se controla el acceso a criptas abandonadas o dañadas y qué protocolos existen cuando se detecta a una persona viviendo dentro de ellas.

Porque desalojar una tumba puede resolver el problema dentro del cementerio, pero simplemente trasladarlo nuevamente a la calle.

Los muertos tienen techo; algunos vivos, no

La imagen resulta difícil de ignorar; en una ciudad de contrastes, existen personas que encuentran entre los muertos el espacio que no consiguieron entre los vivos.

Una cripta transformada en dormitorio representa simultáneamente abandono urbano, vulnerabilidad social, deterioro de espacios funerarios y un problema de seguridad pública.

Para las familias, la exigencia es legítima( sus tumbas y mausoleos deben ser respetados y protegidos. 
Para la autoridad, el reto no termina colocando candados o incrementando patrullajes. 

También implica identificar a quienes duermen ahí, conocer por qué llegaron hasta un cementerio y canalizarlos hacia alternativas de atención.

Colinas y Tepeyac fueron construidos para guardar la memoria de quienes murieron. 

Que algunas de sus criptas terminen sirviendo como habitaciones improvisadas para quienes no tienen dónde dormir constituye una de las expresiones más crudas de exclusión social en Ciudad Juárez.