Revelan despoblamiento y deterioro que enfrenta el Centro Histórico de Juárez
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° Mientras Ciudad Juárez multiplicó su territorio, viviendas, centros comerciales y nuevos corredores económicos hacia el oriente y suroriente, su Centro Histórico perdió habitantes, centralidad económica y parte de su vocación turística. Hoy sobreviven el comercio popular, los peatones y algunos negocios emblemáticos entre edificios deteriorados, viviendas vacías, basura y proyectos de rescate que se suceden sin conseguir revertir el problema estructural
Ciudad Juárez.- Hay paredes que cuentan mejor la historia del Centro que cualquier discurso oficial.
Muros con el recubrimiento desprendido, adobe y mampostería expuestos, ventanas remendadas, construcciones agrietadas y viviendas que parecen mantenerse en pie más por resistencia que por mantenimiento.
Las fotografías tomadas en el sector muestran algo más que deterioro físico; retratan las consecuencias visibles de décadas de despoblamiento y desplazamiento de la actividad urbana.
El Centro de Juárez no murió
Camina, vende, compra, cruza la frontera, come en sus mercados, espera el transporte y llena sus banquetas.
Pero cada noche, cuando baja la actividad comercial, queda expuesta una pregunta ¿cuánta ciudad sigue viviendo realmente en el corazón donde nació Juárez?
La respuesta estadística es contundente.
En 2005, el polígono institucional del Centro registraba 5 mil 619 habitantes. Para 2010 quedaban apenas 4 mil 144, una reducción de 26.3 por ciento en sólo cinco años. Una actualización elaborada con información censal de INEGI para el mismo polígono contabilizó en 2020 aproximadamente 3 mil 552 residentes.
En 15 años, el Centro habría perdido cerca del 37 por ciento de su población.
El contraste con el resto de Juárez es todavía más revelador.
Mientras el Centro se vaciaba, la ciudad pasó de aproximadamente 1.3 millones de habitantes en 2005 a 1 millón 501 mil 551 en 2020.
Es decir, Juárez sumó alrededor de 200 mil habitantes mientras su núcleo fundacional perdía más de dos mil residentes.
Para 2020, quienes habitaban el polígono histórico representaban apenas alrededor de 0.24 por ciento de la población de toda la ciudad.
Una de cada tres viviendas, sin habitantes
El despoblamiento también quedó grabado detrás de las puertas cerradas.
Para 2020 se contabilizaron dentro del polígono histórico 1,891 viviendas, de las cuales únicamente 1,230 estaban habitadas y 661 no tenían ocupantes.
Prácticamente una de cada tres viviendas estaba desocupada. El grupo poblacional más numeroso era el de 30 a 59 años, con 1,360 personas.
No se trata únicamente de casas vacías.
El propio diagnóstico urbano de Juárez reconoce que las viviendas deshabitadas se concentran de manera importante en la Zona Centro y el suroriente.
INEGI contabilizó más de 56 mil viviendas deshabitadas en toda la ciudad en 2020, y señaló al Centro entre los puntos donde este fenómeno tiene presencia significativa.
Eso ayuda a explicar una transformación profunda en el modo de vida del primer cuadro.
El Centro dejó progresivamente de ser principalmente un lugar para vivir y pasó a funcionar cada vez más como un territorio para transitar, comprar, trabajar o cruzar hacia Estados Unidos.
Durante el día puede registrar intensa actividad; por la noche, numerosas manzanas pierden buena parte de esa vitalidad. Esa diferencia entre población residente y población flotante es una de las claves para entender su deterioro.
Juárez creció 38 veces en superficie; el Centro pagó parte de la factura
El abandono del primer cuadro no puede entenderse separado del modelo de crecimiento de Ciudad Juárez.
En 1950, la ciudad tenía 122 mil 566 habitantes asentados en apenas 909 hectáreas, con una densidad de 134.8 habitantes por hectárea.
Para 2020 llegó a 1 millón 501 mil 551 habitantes, pero extendidos sobre 34 mil 642 hectáreas.
La superficie urbana se multiplicó aproximadamente 38 veces, mientras la población lo hizo poco más de 12 veces.
La densidad cayó a sólo 43.34 habitantes por hectárea.
El propio IMIP reconoce que el crecimiento de la mancha urbana se ha concentrado particularmente hacia el suroriente durante las últimas dos décadas y que buena parte de esa expansión ocurrió fuera del anillo periférico.
El resultado es una ciudad cada vez más extensa, costosa de mantener y con enormes distancias entre vivienda, empleo, comercio y servicios.
Así, la crisis del Centro no surgió únicamente porque algunos propietarios dejaran deteriorar sus inmuebles. También es consecuencia de decisiones urbanísticas, inversión pública, desarrollo inmobiliario y creación de nuevas centralidades que fueron trasladando población y capacidad económica hacia otras zonas.
Cuando el dinero comenzó a mudarse
Durante décadas, ir al Centro era ir a la ciudad.
Allí estaban los comercios, restaurantes, oficinas, bares, cines, hoteles, servicios y buena parte de la vida nocturna de Juárez.
Eso comenzó a cambiar con el Programa Nacional Fronterizo, el Pronaf.
Investigaciones urbanas documentan que la inversión realizada en esa zona durante los años sesenta y setenta generó una nueva centralidad comercial y turística.
El desarrollo del Pronaf elevó el valor del suelo y promovió el traslado de actividades económicas que anteriormente estaban concentradas en el Centro Histórico.
Posteriormente aparecieron otros polos; Ejército Nacional, Tecnológico, Gómez Morín, Paseo de la Victoria, Las Torres y los grandes centros comerciales del oriente y suroriente.
El consumidor ya no necesitaba viajar al Centro para encontrar restaurantes, bancos, servicios profesionales, entretenimiento o tiendas.
Las cifras históricas muestran con claridad ese desplazamiento.
Entre 1989 y 1998, la participación del Centro Histórico en el empleo terciario de Juárez pasó de 49.2 a 31 por ciento.
En contraste, el suroriente aumentó su participación de 4.4 a 16.5 por ciento.
Era la descentralización del comercio y los servicios convertida en estadística.
Para 2004, el Centro ya había dejado de ser el punto con mayor densidad laboral de Ciudad Juárez.
Nuevos corredores industriales y comerciales habían ganado peso, mientras Pronaf y Ejército Nacional consolidaban su papel como subcentros de empleo y consumo.
También se fue una parte del turismo
El fenómeno alcanzó a otra actividad que durante décadas dio identidad internacional al Centro; el turismo.
La avenida Juárez fue durante buena parte del siglo XX el escaparate fronterizo. Restaurantes, bares, cabarets, farmacias, hoteles y comercios dependían directamente de visitantes provenientes de El Paso y otras ciudades estadounidenses.
Pero el mapa turístico también cambió.
Investigaciones académicas documentaron cómo la zona Pronaf empezó a concentrar hoteles de cuatro y cinco estrellas, restaurantes, bares, clínicas y servicios dirigidos a visitantes con mayor capacidad de gasto.
Después se consolidaron corredores turísticos y comerciales en Gómez Morín y lo que organismos turísticos denominaron Zona Dorada, alrededor de Paseo de la Victoria, Ejército Nacional, Teófilo Borunda y la carretera Panamericana.
El turista dejó de depender del Centro para hospedarse, comer, recibir atención médica o divertirse.
No significa que haya desaparecido el visitante extranjero.
En abril de 2025, por ejemplo, un recorrido organizado llevó a alrededor de 130 ciudadanos estadounidenses por avenida Juárez, el Museo de la Revolución en la Frontera, la Catedral y la Misión de Guadalupe.
Precisamente el carácter excepcional y organizado de esas visitas revela el esfuerzo actual por volver a insertar al Centro en la oferta turística de la frontera.
Un Centro pobre en habitantes, pero todavía rico en movimiento
Sería incorrecto declarar muerto al Centro.
Un estudio que revisó 23 manzanas del corredor peatonal mediante el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas encontró que entre 2010 y abril de 2024 el número de establecimientos comerciales en esa área aumentó 38 por ciento.
Es decir, mientras se pierde población residencial, determinadas zonas mantienen e incluso incrementan su actividad económica.
Ahí está quizá la paradoja más importante; el Centro sigue siendo negocio, pero cada vez menos hogar.
Sobreviven los comercios populares, puestos de comida, mercados, restaurantes, pequeños servicios, tiendas de ropa y establecimientos tradicionales.
Las avenidas 16 de Septiembre y Juárez siguen absorbiendo miles de recorridos y eventos como “Spring Break Juárez en la Juárez” han logrado reunir en ediciones anteriores a más de 15 mil asistentes, de acuerdo con el Gobierno Municipal.
Pero un evento multitudinario durante algunas horas no equivale a revitalización urbana.
Una zona puede llenarse el sábado y continuar despoblándose el resto del año.
El abandono no es solamente basura
Reducir el problema del Centro a limpiar calles sería confundir el síntoma con la enfermedad.
En junio de este año, el Municipio informó que mantiene 28 trabajadores distribuidos en dos turnos, siete días a la semana, exclusivamente para barrido, recolección de residuos y retiro de tiliches en el primer cuadro. _Dos meses después continuaron reportándose operativos similares._
Que se requiera una estructura permanente de limpieza demuestra la intensidad de uso del sector, pero también la presión que enfrenta el espacio público.
A finales de agosto, otro recorrido por avenida Juárez documentó puestos comerciales, mercancías y cocinas improvisadas ocupando banquetas y guías podotáctiles; la avenida llevaba alrededor de seis años sin una intervención mayor de regeneración urbana.
Las fotografías que acompañan este reportaje muestran otra dimensión; propiedades privadas y construcciones cuya degradación no se resuelve con barrido.
Revoques desprendidos, muros expuestos, grietas, instalaciones envejecidas, ventanas protegidas con herrería y lotes cuyo aspecto revela años de mantenimiento insuficiente forman parte del paisaje de distintas calles.
Planes existen; lo que falta es continuidad
Aquí aparece otro elemento incómodo.
Decir que el Centro carece de planeación no sería completamente exacto.
Tiene planes. Muchos.
En 2014 fue aprobado el Plan Maestro de Desarrollo Urbano del Centro Histórico, que proponía recalificar el espacio urbano, fortalecer la actividad económica, mejorar seguridad, salud, educación, cultura y reconstruir el tejido social.
Diez años después, el nuevo Plan de Desarrollo Urbano Sostenible volvió a colocar sobre la mesa problemas de expansión, vivienda y deterioro urbano.
El problema, por tanto, parece ser menos la ausencia de documentos que la falta de continuidad, ejecución integral y capacidad de revertir tendencias acumuladas durante décadas.
En 2026 existen nuevas intervenciones
El programa Rutas Mágicas de Color contempla pintar cerca de 10 mil metros cuadrados de fachadas con una inversión de 1.5 millones de pesos; se instalaron más de 250 luminarias LED en plazas y avenidas del sector; está proyectada la remodelación de la Plaza de Armas y se analizan 585 mil pesos para reparar guías podotáctiles dañadas.
Son acciones verificables. Pero ninguna, por sí sola, responde a la pregunta central; ¿cómo lograr que miles de personas vuelvan a vivir, invertir y permanecer en el Centro?
Pintar una fachada no ocupa una vivienda.
Una luminaria no recupera un edificio abandonado.
Un festival no devuelve población permanente.
Una plaza remodelada no crea por sí sola un mercado residencial.
El costo oculto de expandirse
Durante décadas Juárez resolvió su crecimiento agregando tierra; nuevas colonias, fraccionamientos, vialidades, plazas comerciales y parques industriales cada vez más lejos.
El resultado fue una ciudad horizontal donde cada nueva expansión exige más pavimento, drenaje, agua potable, alumbrado, transporte, policías, escuelas, parques y mantenimiento.
Mientras tanto, en el Centro existe infraestructura instalada, calles trazadas, transporte, equipamiento público, comercio, patrimonio histórico y proximidad inmediata con Estados Unidos.
Desde la perspectiva económica, permitir que esa infraestructura pierda usuarios mientras se construye infraestructura nueva en la periferia representa una contradicción costosa.
Y quizá ahí se encuentre la verdadera dimensión del abandono; no consiste solamente en dejar caer un edificio.
También consiste en permitir que una ciudad abandone capital urbano ya construido para seguir financiando su expansión hacia afuera.
El corazón que funciona sin habitantes
El Centro Histórico de Juárez sigue siendo uno de los pocos espacios donde se cruzan simultáneamente comercio popular, migración, transporte público, turismo fronterizo, patrimonio, religión, trabajo informal y movilidad internacional.
Pero ya no es la centralidad absoluta que fue.
La ciudad se repartió entre nuevos centros.
Pronaf heredó parte del turismo.
Ejército Nacional, Gómez Morín y Paseo de la Victoria absorbieron consumo y servicios.
Los centros comerciales trasladaron entretenimiento y compras.
El suroriente captó cientos de miles de nuevos residentes.
Al Centro le quedaron su historia, su frontera, sus mercados y una enorme población flotante.
Y unos cuantos miles que todavía viven ahí.
Por eso su deterioro no puede explicarse exclusivamente como descuido de propietarios, basura, ambulantaje o inseguridad.
Es el resultado de medio siglo de decisiones urbanas que premiaron la expansión y debilitaron la residencia, inversión y centralidad del primer cuadro.
Las paredes de las fotografías son apenas la parte visible.
Detrás de ellas está una ciudad que creció hacia todos lados mientras su corazón perdía habitantes.
El problema es que lleva décadas respirando para sobrevivir, cuando debería volver a vivir.