El metabolismo urbano de Ciudad Juárez
- Por Editora M
-La ciudad es un sistema vivo que exige decisiones de largo plazo
Ciudad Juárez.- La ciudad no solo crece; consume, transforma y desecha. Bajo esta premisa, el especialista ambiental y urbano Néstor Castillo planteó una reflexión profunda sobre el metabolismo urbano y la sostenibilidad, conceptos que, aunque recurrentes en el discurso público, pocas veces se analizan con la crudeza que exige la realidad fronteriza.
La charla se llevó a cabo por invitación de Enrique Figueroa, coordinador distrital de Movimiento Ciudadano, en un espacio de diálogo que buscó ir más allá de los slogans políticos y poner sobre la mesa los fundamentos técnicos, sociales y culturales que explican cómo funciona y cómo se está agotando la ciudad.
“Yo no dependo mucho de las diapositivas”, aclaró Castillo al iniciar.
“Son solo palabras clave. Lo importante es entender el sistema”.
Y el sistema, insistió, es la ciudad misma.
La ciudad como organismo: entender el metabolismo urbano
Castillo definió el metabolismo urbano como una forma de analizar la ciudad desde una lógica sistémica, similar a la de un ser vivo.
La ciudad, explicó, tiene entradas y salidas de recursos.
Las entradas principales son:
Aguap
Energía
Materiales
Alimentos
Las salidas, inevitablemente, son:
Residuos sólidos
Emisiones contaminantes
Aguas residuales
Calor, que se manifiesta en fenómenos como las islas de calor urbano
“Todo está conectado. Nada entra sin salir, y nada sale sin haber entrado antes”, explicó.
Esta interdependencia, dijo, es clave para entender por qué las soluciones aisladas fracasan.
Desde esta visión, Ciudad Juárez no puede analizarse por sectores independientes, agua por un lado, transporte por otro, energía aparte, sino como una red compleja de flujos que deben ser medidos, coordinados y gobernados.
Sustentabilidad: más allá del discurso político
Uno de los ejes más críticos de la exposición fue la sustentabilidad, un concepto que, según Castillo, ha sido sobreutilizado y politizado.
“Agenda 2030, ODS, Visión 20-40; son conceptos atractivos, pero muchas veces se quedan en el lenguaje”, señaló.
Su propuesta no fue desecharlos, sino regresar a los fundamentos.
La sustentabilidad, recordó, implica un equilibrio real entre la
Economía (prosperidad y viabilidad financiera), sociedad (calidad de vida, salud, equidad) y medio ambiente (capacidad de regeneración del entorno).
Todo ello con una visión de largo plazo, atravesada por un principio central; la justicia intergeneracional.
“No se trata de que hoy tengamos agua, energía y parques.
Se trata de que también los tengan quienes aún no nacen”.
El gran choque: proyectos de 50 años vs gobiernos de 3 o 6
Uno de los principales obstáculos para avanzar hacia ciudades sostenibles, explicó Castillo, es la incompatibilidad entre los tiempos técnicos y los tiempos políticos.
Las infraestructuras urbanas requieren inversiones a 30, 40 o 50 años.
Los presupuestos públicos se aprueban anualmente.
Los gobiernos cambian cada 3 o 6 años.
Esto genera proyectos inconclusos, falta de mantenimiento y obras que no trascienden administraciones. Ejemplos como el riego de parques con agua tratada ilustran el problema; ¿quién paga?, ¿qué organismo es responsable?, ¿quién mide los resultados?
“Para que una planta de tratamiento funcione, necesita agua, energía, mantenimiento y acuerdos institucionales. Si uno falla, todo falla”.
La coordinación imposible: instituciones que no hablan el mismo idioma
El metabolismo urbano, explicó Castillo, no puede gestionarse desde una sola dependencia.
En Ciudad Juárez intervienen múltiples actores; Comisión Federal de Electricidad, Junta Municipal de Agua y Saneamiento, Municipio, Proveedores de gas, Industria maquiladora.
Cada uno maneja datos distintos, intereses distintos y tiempos distintos.
El resultado es una ciudad que no mide con precisión cuánta agua entra, cuánta se pierde, cuánta energía se consume o cuántos residuos se generan realmente.
“La ciudad no tiene datos básicos de monitoreo. No sabemos cuánta agua se usa en parques, cuántos residuos se reciclan, ni cómo se comporta el aire más allá de algunos puntos universitarios”.
Juárez y El Paso: dos ciudades, un acuífero, visiones opuestas
Uno de los contrastes más reveladores de la charla fue la comparación entre Ciudad Juárez y El Paso, dos ciudades que comparten el mismo acuífero, pero no la misma visión de futuro.
Mientras Paso Water invierte en desalinizadoras, diversificación de fuentes hídricas y planeación a largo plazo; en Juárez, el debate sigue centrado en; la línea morada para riego, la ampliación de pozos y
la discusión sobre quién paga el agua.
“El agua es la misma, pero las decisiones se toman en lugares distintos”, señaló Castillo, subrayando la falta de autonomía local como uno de los grandes problemas estructurales.
Agua: abundancia aparente, crisis real
Castillo detalló cifras que revelan la fragilidad hídrica de la ciudad:
183 pozos activos
Aproximadamente 470 mil viviendas con servicio
Consumo per cápita cercano a 300 litros diarios, casi tres veces lo recomendado por la OMS
Lluvia histórica de 254 mm anuales, hoy reducida a cerca de 110 mm por efectos del cambio climático
Extracción de agua cinco veces mayor que la recarga natural
Pérdidas del 30 al 40% por fugas
Aunque el consumo ha disminuido en los últimos años, el especialista advirtió que el problema no es solo cuánto se consume, sino la calidad del agua y la sostenibilidad del sistema.
Energía: alto potencial solar, baja decisión local
En materia energética, Juárez enfrenta una paradoja; más de 2,700 horas de sol al año, pero una dependencia casi total de decisiones federales.
El 70% del consumo energético proviene de la industria maquiladora, mientras que el potencial solar local permanece subutilizado debido a un modelo centralizado que prioriza combustibles fósiles.
“La ciudad no decide cómo produce su energía, pero sí paga las consecuencias ambientales”.
Residuos y aire: los costos invisibles del modelo urbano
Cada día, Ciudad Juárez genera alrededor de 1,650 toneladas de residuos sólidos, con una tasa de reciclaje baja y un sistema de recolección que, aunque gratuito para el usuario, traslada el costo ambiental a toda la ciudad.
Castillo citó el caso de Villavicencio, Colombia, donde el manejo de residuos combina:
Cobro por peso
Participación privada
Subsidio público
Compostaje y biocombustibles
En cuanto a la calidad del aire, los niveles de PM10 y PM2.5 siguen siendo alarmantes, agravados por:
Vehículos antiguos
Transporte público ineficiente
Calles sin pavimentar
Mala planeación urbana
Tecnología, datos y ciudades inteligentes
El especialista reconoció que la tecnología; sensores, monitoreo, inteligencia artificial, puede ser una aliada, pero advirtió que sin gobernanza y visión compartida, no hay solución tecnológica que funcione.
Proyectos como el centro de datos Júpiter, en Nuevo México, muestran avances en eficiencia energética, pero su impacto real depende de cómo se integren a una estrategia regional.
Pensar local para actuar global
La conclusión de Néstor Castillo fue clara; no existen soluciones universales.
Cada ciudad debe diseñar sus respuestas desde su realidad social, económica y cultural.
“Las soluciones importadas fracasan cuando no consideran los usos y costumbres, la economía local y la capacidad institucional”.
Ciudad Juárez, dijo, tiene planes, diagnósticos y estudios suficientes.
Lo que falta son incentivos políticos, continuidad administrativa y una visión sistémica que entienda a la ciudad como lo que es; un organismo vivo que ya muestra signos de agotamiento.
El metabolismo urbano no es una teoría académica más.
Es una herramienta para entender por qué la ciudad enfrenta crisis simultáneas de agua, aire, energía y residuos.
La pregunta, concluyó Castillo, no es si Ciudad Juárez puede ser sostenible, sino si está dispuesta a tomar decisiones que duren más que un periodo de gobierno.
Porque, como todo organismo, una ciudad que no equilibra lo que consume y lo que desecha, termina por enfermar.