Estatal

Llenan el Poder Judicial con oxigenadores, ahora llorones

  • Por JR

Tomada de El Diario

La verdad no debería ser motivo de persecución judicial ni de ningún otro tipo de ataque, pero la clase política ha encontrado artilugios diversos, entre ellos torcidas denuncias por violencia de género, para buscar que la simulación impere sobre la realidad.

Cuando el exgobernador César Duarte sacudió al Poder Judicial con la llegada de los oxigenadores, no faltaron los indignados porque algunos se atrevieron a publicar lo que subyacía en la clarísima jugada política para controlar al aparato de justicia, disfrazada de un intento legítimo de transformarlo para hacerlo eficiente. Fue un acuerdo sotanero de Duarte con el PRI, el PAN, los integrantes de la cúpula judicial y algunos sectores del gremio de la chicana, para imponer un Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE) a modo, sumiso, plegado al interés del Ejecutivo que, en el sistema político mexicano, es el que manda, controla y prevalece sobre los demás, más allá de la teoría republicana.

Cuando otro exgobernador, Javier Corral, mandó a Luz “Estela” Lucha Castro a renovar al TSJE, tampoco faltaron aquellos indignados exhibidos como viles productos del llamado cochinero judicial, generado también por acuerdos en lo oscurito con un nuevo grupo político que había llegado al poder. El resultado fue (qué raro) un Poder Judicial plegado, doblegado, sumiso al Ejecutivo y a la vez tremendamente ineficiente, como era antes, como es ahora y como, es previsible, seguirá siendo.

Ahora asistimos al espectáculo de otros indignados, u otras, que hoy son electos y electas en la cuestionada votación de junio, producto de la reforma judicial promovida por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y su sucesora, Claudia Sheinbaum Pardo, diseñada de nueva cuenta para tener tribunales alineados con el poder en turno, con el disfraz de una democratización que le quedó muy grande al proyecto. Esos indignados que ahora hasta lloran, no sabemos si por un auténtico dolor, por vergüenza o por la risa que les causa, pretenden les creamos que sus talentos, conocimientos, aptitudes y el voto popular los llevaron a ser juzgadores y juzgadoras, cuando es una realidad que fueron nombrados para ir en los acordeones del Bienestar, de Morena, del PAN, de Palacio o del olimpo judicial siempre negado a transformarse.

Así, los oxigenadores que disfrutaron más de una década de privilegios dados por Duarte; los del cochinero judicial favorecidos con la bendición del corralato y los elegidos del pueblo de ahora, son lo mismo: entes orgánicos del sistema político, por más que lloren, griten, se tiren al suelo y amenacen con denuncias por violencia política de género.