Entrevistas

María Dolores Adame, una mujer de lucha

  • Por Editora M

_Hizo de su adversidad su camino hacia la política; de una infancia marcada por la pobreza y la pérdida de su padre a la defensa de cientos de familias amenazadas con perder su patrimonio, la regidora María Dolores Adame Alvarado cuenta una historia de perseverancia, sueños cumplidos y compromiso social. Su trayectoria, construida desde las calles y los movimientos ciudadanos, la llevó a convertirse en una de las figuras que participaron en la formación de Morena en Ciudad Juárez_
_De la niña que defendía a sus perritas a la mujer que aprendió a defender derechos_

 

Ciudad Juárez.-  Antes de convertirse en regidora, antes de recorrer colonias defendiendo a familias amenazadas con ser desalojadas y mucho antes de acompañar las luchas políticas de Andrés Manuel López Obrador, María Dolores Adame Alvarado era una niña que había aprendido demasiado pronto que la vida no siempre ofrece las mismas oportunidades para todos.

Su historia comienza entre los recuerdos familiares de Camacho, Zacatecas, y Torreón, Coahuila, en un hogar de recursos limitados, donde su padre trabajaba como radiotécnico y su madre se dedicaba a las labores domésticas. 

La muerte de su padre, cuando apenas tenía ocho años, transformó su infancia y la enfrentó a una realidad que marcaría buena parte de sus decisiones; salir adelante aun cuando las circunstancias parecieran estar en contra.

Entre sus primeros recuerdos aparece una anécdota aparentemente sencilla, pero reveladora de su carácter. Siendo pequeña, se opuso a que su familia se deshiciera de unas perritas por el hecho de ser hembras. 

Aquella resistencia infantil, según recuerda, representó una de sus primeras experiencias frente a lo que consideraba una injusticia. 

Con los años, esa inconformidad adquiriría una dimensión más profunda, vinculada con la defensa de las mujeres, las familias y las personas que carecen de recursos para hacer valer sus derechos.

La infancia de María Dolores estuvo acompañada de limitaciones económicas, mudanzas y responsabilidades familiares, pero también de una imaginación que parecía negarse a aceptar las fronteras de su entorno. 

Desde muy pequeña soñaba con viajar, conocer el mar, subir a un avión y descubrir lugares que entonces parecían inalcanzables.

Uno de los recuerdos más significativos de su adolescencia fue la oportunidad de viajar a los 13 años, conocer Tijuana y llegar hasta Disneylandia. 

Aquella experiencia le permitió descubrir que algunos de los sueños que parecían imposibles podían convertirse en realidad.

Esa convicción, asegura, terminó acompañándola durante toda su vida; las circunstancias pueden imponer dificultades, pero no necesariamente tienen que determinar el destino de una persona.

Rebeca, la maternidad y el deseo de construir un futuro diferente

La maternidad llegó cuando todavía era joven. 

Con el nacimiento de su hija Rebeca, sus prioridades cambiaron. 
Los sueños personales comenzaron a compartir espacio con una responsabilidad mayor: ofrecerle a su hija oportunidades que ella misma no había tenido.

Su aspiración no se limitaba a garantizar el sustento familiar. Quería que Rebeca estudiara, desarrollara sus capacidades y contara con herramientas para enfrentar la vida con independencia. 

Con el tiempo, verla encaminarse hacia la carrera de Derecho se convirtió en uno de los motivos de satisfacción de su historia personal.

En ese proceso, María Dolores comenzó a comprender que la superación individual también depende de las condiciones sociales. 

Tener una vivienda, acceder a la educación o conservar el patrimonio familiar pueden representar desafíos enormes para quienes viven al día.
Aquella reflexión pronto dejaría de ser solamente una experiencia personal para transformarse en una causa colectiva.

El Barzón: cuando la lucha por una casa se convirtió en la lucha de muchas familias

El año 2003 representó un momento decisivo. 

Como muchas familias trabajadoras, María Dolores buscó hacerse de una vivienda, pero los problemas económicos y las obligaciones hipotecarias terminaron por colocarla frente a una situación que compartían miles de personas; el riesgo de perder el patrimonio construido durante años.

Fue entonces cuando, alrededor de 2004, encontró en El Barzón un movimiento social dedicado a defender a los deudores y promover condiciones más justas para quienes enfrentaban conflictos por sus créditos.

Lo que comenzó como una necesidad de proteger su propia casa se convirtió en una lucha por las viviendas de otras familias.

Su participación la llevó a involucrarse en gestiones, movilizaciones y acciones para evitar desalojos en colonias y fraccionamientos como Campanario, Misiones del Real y Horizontes del Sur, donde numerosas personas enfrentaban problemas para conservar sus hogares.

En esas calles conoció historias de madres que temían quedarse sin techo, trabajadores incapaces de cubrir pagos crecientes y familias que habían dedicado buena parte de su vida a construir un patrimonio.

Para María Dolores, aquella etapa fue una escuela de organización ciudadana. Aprendió a gestionar, a negociar, a acompañar a quienes enfrentaban procedimientos legales y, sobre todo, a comprender que defender un derecho requiere mucho más que expresar inconformidad.

La vivienda dejó de ser para ella solamente una propiedad. Se convirtió en un asunto de dignidad, estabilidad familiar y justicia social.
De las movilizaciones sociales a la construcción de Morena

Su participación en El Barzón terminó por acercarla a la política.
Las movilizaciones en defensa de Andrés Manuel López Obrador, primero durante el proceso de desafuero de 2005 y posteriormente en las protestas por los resultados de la elección presidencial de 2006, representaron una etapa importante en su formación política.

María Dolores encontró en aquellas expresiones ciudadanas una continuidad de las luchas sociales en las que ya participaba. 

Su interés no surgió inicialmente de la búsqueda de un cargo público, sino de la necesidad de organizar a las personas alrededor de causas comunes.

Con el paso de los años se involucró en asambleas, recorridos territoriales y actividades de organización que posteriormente darían forma al Movimiento Regeneración Nacional.
Para 2012 ya participaba en tareas de organización y representación electoral. Dos años después, cuando Morena obtuvo su registro como partido político nacional, formaba parte de las personas que habían acompañado su construcción desde las bases.

En 2015 aceptó competir como candidata a diputada federal por el Distrito 01 de Chihuahua. Aunque no obtuvo el triunfo, recuerda aquella campaña como uno de los acontecimientos más importantes de su trayectoria. De acuerdo con su propio balance, consiguió la mayor votación entre las candidaturas de Morena en el estado durante esa elección.

La experiencia también le permitió conocer las exigencias de una campaña electoral: recorrer colonias, formar equipos, convencer a ciudadanos y sostener una estructura política con recursos limitados.
Su participación continuó durante el proceso de organización territorial rumbo a las elecciones presidenciales de 2018, cuando Morena alcanzó la Presidencia de la República con Andrés Manuel López Obrador.

Para entonces, María Dolores había transitado de la protesta social a la competencia electoral, sin abandonar, según explica, el trabajo de gestoría que había dado origen a su participación pública.

Cruz Pérez Cuéllar y una nueva etapa de su vida política

Otro capítulo importante de su trayectoria llegó con Cruz Pérez Cuéllar, a quien acompañó durante su etapa como senador de la República.

María Dolores colaboró en su oficina de enlace, particularmente en la atención y gestión de asuntos relacionados con vivienda y necesidades sociales. 

Aquella responsabilidad le permitió mantener contacto con familias que acudían en busca de orientación para resolver problemas patrimoniales y comunitarios.

La relación política continuó durante la candidatura de Pérez Cuéllar a la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez en 2021, proceso que culminó con su triunfo electoral.

Ese mismo año, María Dolores llegó al Ayuntamiento como regidora por Morena, una responsabilidad institucional que le abrió otro espacio para impulsar las causas que durante años había defendido desde las organizaciones sociales.

Desde el Cabildo ha desarrollado trabajo relacionado con asentamientos humanos, regularización de terrenos y atención ciudadana. También estableció una oficina de vinculación en el suroriente de Ciudad Juárez, una de las zonas donde las necesidades de infraestructura, servicios y certeza patrimonial continúan siendo importantes desafíos.

Actualmente, además de desempeñarse como regidora, coordina la fracción edilicia de Morena en el Ayuntamiento de Juárez.
Su historia política no ha estado exenta de dificultades ni de los desacuerdos propios del ejercicio público. 

Sin embargo, sostiene que la experiencia acumulada le ha permitido entender que la política también se mide por la capacidad de atender problemas concretos y cumplir los compromisos adquiridos con la ciudadanía.

El Distrito 9 y la posibilidad de escribir otro capítulo

Después de más de dos décadas vinculada a las movilizaciones sociales, las actividades partidistas y la gestión pública, María Dolores Adame no descarta continuar su trayectoria desde otra responsabilidad.

Entre sus posibilidades futuras contempla una eventual candidatura a diputada local por el Distrito 9, aunque se describe como una mujer realista, consciente de que las decisiones políticas no dependen exclusivamente de las aspiraciones personales.

Para ella, ocupar un cargo público no debería ser el único objetivo de quien participa en política. Considera que el servicio puede ejercerse desde una organización social, una oficina de gestión, una representación popular o directamente en las colonias.

Su experiencia en la defensa de la vivienda es el ejemplo al que vuelve cuando reflexiona sobre su futuro. 
Antes de ocupar un espacio institucional ya acompañaba a familias, participaba en reuniones y buscaba alternativas para evitar que personas de escasos recursos perdieran su hogar.

Desde esa perspectiva, asegura que su compromiso no está condicionado a una candidatura.

Una mujer que aprendió a no rendirse

Cuando María Dolores vuelve la mirada hacia su infancia, aparecen imágenes que parecen pertenecer a una vida muy distante de la política: una niña que perdió a su padre, una familia obligada a enfrentar dificultades económicas, una adolescente que soñaba con viajar y una madre joven decidida a ofrecerle un futuro diferente a su hija.

También recuerda a la mujer que estuvo en riesgo de perder su vivienda y que, al buscar ayuda, descubrió que muchas otras familias enfrentaban problemas semejantes.

Esa sucesión de experiencias es la que hoy utiliza para explicar su manera de entender el servicio público.

Entre los principios que considera indispensables menciona el amor propio, la solidaridad, la honestidad y la responsabilidad de cumplir la palabra empeñada. 

En su opinión, uno de los mayores errores de quienes ejercen la política es ofrecer soluciones que saben que no podrán cumplir.

Por eso insiste en la necesidad de hablar con claridad, reconocer las limitaciones y mantener cercanía con las personas, especialmente con aquellas que rara vez encuentran una puerta abierta para plantear sus necesidades.

Su convicción de que muchas de las limitaciones las establece uno mismo nació, según su relato, de una vida marcada por desafíos que parecían difíciles de superar.

A sus más de seis décadas de vida, María Dolores Adame encuentra un hilo conductor entre aquella niña que se resistía a aceptar una injusticia, la madre que buscaba mejores oportunidades para Rebeca y la mujer que terminó participando en la defensa de viviendas, movimientos políticos y responsabilidades de gobierno.

Su historia no puede entenderse únicamente a través de elecciones, candidaturas o cargos públicos. 
También está construida con pérdidas, esfuerzos familiares, sueños, dificultades económicas y encuentros con personas que buscaban ser escuchadas.

De la defensa de su propia casa a la defensa del patrimonio de otras familias, María Dolores Adame sostiene que el sentido de su trayectoria está en servir. Y aunque desconoce cuál será su siguiente responsabilidad política, afirma que hay algo que no pretende abandonar: su compromiso de seguir trabajando por la gente.