Las mujeres si lideran aunque no siempre se les vea: Erika Donjuan
- Por Editora M
Ciudad Juárez.–Hablar de liderazgo femenino en pleno 2026 implica reconocer avances, pero también aceptar una verdad incómoda; muchas mujeres ya están en espacios de decisión, influyendo en economías, empresas y hogares, pero su presencia sigue siendo limitada en los niveles más altos de poder y, sobre todo, en la narrativa pública.
A este fenómeno, la empresaria, economista y catedrática Ericka Donajuan lo denomina liderazgo invisible.
Durante su ponencia, Donajuan plantea una reflexión que va más allá del discurso optimista sobre la igualdad; la brecha no se explica únicamente por discriminación directa o diferencias salariales evidentes, sino por estructuras laborales, expectativas sociales y falta de visibilidad, incluso cuando el liderazgo femenino ya existe.
El análisis parte de un contraste entre percepción y realidad.
En 2018, en un ejercicio internacional, se preguntó en distintos países qué porcentaje de los puestos de alta dirección deberían ser ocupados por mujeres. Las respuestas revelaron más sobre la cultura que sobre los datos duros.
En México, el promedio fue del 29%; en Corea del Sur, apenas del 9%.
La cifra no refleja cuántas mujeres hay realmente en el poder, sino cuántas se considera “normal” o “deseable” que estén ahí.
Esa expectativa condiciona políticas públicas, decisiones empresariales y aspiraciones individuales. Si una sociedad no imagina a las mujeres en posiciones de mando, difícilmente diseñará rutas claras para que lleguen.
Sin embargo, Donajuan reconoce avances concretos.
Entre 2022 y 2024, la participación de mujeres como dueñas o líderes de grandes empresas creció de aproximadamente 3% a 10.4%.
Es un incremento relevante, pero aún insuficiente si se compara con la magnitud de la fuerza laboral femenina y su nivel de preparación académica.
En el caso de Ciudad Juárez, los datos muestran una participación activa de las mujeres en el empleo formal.
De acuerdo con cifras de Ipsos, la ciudad cuenta con alrededor de 478 mil personas empleadas formalmente, de las cuales 43% son mujeres.
Casi la mitad de la fuerza laboral sostiene sectores clave como la industria, los servicios y la educación.
El problema no radica únicamente en cuántas mujeres trabajan, sino en qué posiciones trabajan.
La mayoría se concentra en empleos generales o básicos, mientras que una proporción mucho menor accede a cargos de alto rango, lo que impacta directamente en ingresos, estabilidad y capacidad de decisión.
La brecha salarial, explica Donajuan, suele analizarse de forma simplista.
No siempre se trata de que una mujer gane menos que un hombre por el mismo puesto.
En muchos sectores, especialmente en la industria, el salario operativo depende más de la capacidad y del nivel técnico que del género. Donde aparece la desigualdad es en la estructura del empleo.
*Las cifras lo confirman*
25.5% de los hombres gana más de dos salarios mínimos, frente a 14.7% de las mujeres.
En contraste, 85% de las mujeres se concentra en rangos de uno a dos salarios mínimos, mientras que entre los hombres ese porcentaje oscila entre 74% y 78%.
La diferencia no está solo en el pago, sino en el acceso a puestos estratégicos.
Este fenómeno se reproduce en consejos de administración, direcciones generales y posiciones ejecutivas, donde la presencia femenina sigue siendo reducida.
Ahí es donde el liderazgo se vuelve invisible; existe, sostiene procesos, pero no aparece en la foto final.
La economista ilustra esta realidad con experiencias personales.
Recuerda negociaciones en las que era la más joven en la mesa, rodeada de hombres mayores, con trayectorias largas y posiciones consolidadas. En esos espacios, el liderazgo no se impone solo con conocimiento técnico, sino con credibilidad, experiencia y presencia.
Para las mujeres, explica, el camino suele ser más exigente.
No basta con cumplir; hay que demostrar constantemente.
No se trata de victimización, sino de reconocer dinámicas de poder que siguen operando en el mundo laboral.
A este escenario se suma un contexto económico complejo.
Desde 2023, Ciudad Juárez ha experimentado una pérdida de empleo que podría responder más a un cambio estructural que a un ciclo temporal.
La transformación tecnológica, la reconfiguración de cadenas productivas y la automatización están modificando las habilidades que demanda el mercado.
En este proceso, las mujeres enfrentan riesgos adicionales si no cuentan con acceso a capacitación continua o educación especializada.
Por ello, Donajuan insiste en que el debate sobre liderazgo femenino no puede desligarse del tema educativo.
La educación, sostiene, es el motor más poderoso del empoderamiento.
No solo abre puertas laborales, sino que transforma hogares y comunidades completas.
Cita a la economista Marta C, quien defiende la idea de que invertir en la educación de una mujer es invertir en la estabilidad económica de un hogar, incluso cuando esa mujer no siga una carrera tradicional o no se incorpore de inmediato al mercado laboral.
Una mujer preparada toma mejores decisiones, impulsa la educación de sus hijas e hijos y genera efectos multiplicadores que trascienden lo individual.
Por eso, educar a las niñas sigue siendo una prioridad, no solo en acceso a la escuela, sino en expectativas, orientación vocacional y confianza en sus capacidades.
Donajuan también advierte sobre el riesgo de confundir visibilidad con igualdad.
Ver más mujeres en foros, paneles o campañas publicitarias no siempre significa que tengan poder real de decisión.
El verdadero avance ocurre cuando las mujeres participan en la definición de estrategias, presupuestos y políticas.
El liderazgo invisible, entonces, no es una ausencia de talento, sino una falta de reconocimiento estructural.
Superarlo implica cuestionar modelos de éxito, abrir espacios reales de participación y, sobre todo, invertir de manera sostenida en educación y desarrollo profesional.
El panorama muestra avances, pero también retos persistentes.
La brecha no se cerrará únicamente con discursos, sino con cambios profundos en la estructura del mercado laboral, en las políticas educativas y en la forma en que se concibe el poder.
En palabras implícitas de Ericka, el futuro no depende solo de que haya más mujeres visibles, sino de que el liderazgo femenino deje de ser invisible y se convierta en una fuerza plenamente reconocida en la toma de decisiones económicas, sociales y políticas.